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Mar y Lagrimas

El sol bañaba mi espalda. Me hice bajo la vieja palmera buscando su sombra. Tomé el libro y continué la lectura, interrumpida muchas veces, porque el pensamiento me llevaba a ti. Al igual que en otras ocasiones los recuerdos me llenaban los ojos de lágrimas y el alma de tristeza. Hoy en particular recordé ese sábado que estábamos tú y yo, solos, tú de seis meses y yo de papá enamorado; tú hirviendo de fiebre y yo sin saber qué hacer. Mis manos medían la temperatura en tu barriguita.

Nos metimos en agua fría y luego corrí a la clínica contigo. Estuviste grave por muchos días; pero el amor de tu pediatra y el llanto de tus padres hicieron el milagro de verte crecer. Hoy, bajo esta palmera, te siento cerca y quisiera que el mar enjugara mis lágrimas por siempre.

Te amo, hija.

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